Miércoles, 01 Abril 2020 04:53

AGRICULTURA, CAMPESINADO Y ALIMENTACIÓN EN TIEMPOS DEL COVID-19 "Primera Entrega"

 

 

El Observatorio Rural de la Universidad de La Salle, como centro de observación, análisis y generación de conocimiento alrededor de un desarrollo rural humano, integral y sustentable, con un enfoque territorial que permita cimentar la paz entre los colombianos, consiente, además, de la necesidad de sensibilizar a la opinión pública nacional sobre los problemas y las alternativas del desarrollo rural, ha venido argumentando, discutiendo y reflexionado alrededor de ¿cuál es el valor de la agricultura, el campesinado y la alimentación en este momento de crisis (COVID-19)? Por tanto, esta es la primera entrega derivada del diálogo de un grupo de observadores cuyo único interés gira en torno a la ruralidad.

 

 

AGRICULTURA, CAMPESINADO Y ALIMENTACIÓN EN TIEMPOS DEL COVID-19

 

Primera Entrega

 

"El comercio aumenta la riqueza y gloria de una nación, pero su verdadera fuerza debe ser buscada en el cultivo de la tierra"

 

                                                                                                          William Pitt

 

Una vez más, el sistema económico y social enfrenta un desafío, como hace 11 años cuando una crisis, suscitada en el año 2008, terminó en una recesión mundial causando la pérdida de la confianza en los mercados y el aumento de la pobreza global.

 

 

En aquel entonces, un virus del sistema capitalista (bonos tóxicos de activos sobrevalorados - SUBPRIME) resultó en una enfermedad ya conocida (burbujas inmobiliarias crediticias) que terminaron infectando todo el sistema bancario mundial generando la quiebra de varios bancos, entre ellos, el recordado Lehman Brothers. Asimismo, este “virus” terminó afectando los precios de las materias primas, determinó el incremento de precios en los commodities agrícolas, suscitó la volatilidad en los precios del petróleo, así como, una guerra de divisas en busca de la competitividad alterando las monedas de las economías emergentes como la colombiana, deteniendo el crecimiento económico, y peor aún, profundizando los procesos resultados de la desindustrialización y de desruralización de la economía colombiana, llevando a una mayor dependencia del comercio internacional de los productos agroalimentarios.

 

 

Hoy, nos enfrentamos a un nuevo virus, esta vez, no solo un virus económico, uno real, que ataca nuestras vías respiratorias causando una infección respiratoria aguda (IRA) que puede llegar a ser leve, moderada o grave (Ministerio de Salud y Protección Social, 2020). Este virus nos ha contrapuesto a situaciones que probablemente la humanidad no había enfrentado en una escala global. Las medidas de control social para evitar la propagación de esta pandemia mundial han llevado a la economía y al comercio al límite de sus capacidades, teniendo ahora un margen de maniobra macroeconómico inferior al que se tenía en el año 2007 (con las bajas tasas de interés de los bancos centrales y el precio del petróleo a niveles de inviabilidad productiva). Estos cisnes, como se les llama a las crisis vigentes (negro y verde) amenazan con una recesión aún mayor, destruyendo el empleo del mundo y afectando la seguridad alimentaria no solo en Colombia sino en todo el planeta.

 

 

El sector agrícola y pecuario no ha sido ajeno a los acontecimientos, por el contrario, la caída de los precios del petróleo WTI (para entrega en mayo, por debajo de los 30 dólares/barril, lo que no se veía desde junio de 1999) ha generado una volatilidad de las divisas que, sumado a la incertidumbre inversionista, han disparado la devaluación del peso en un 15.96% en lo corrido de marzo, cercana al 25% desde que inició el año y del 31% en los últimos 12 meses[1]. Esto ha incrementado el costo de las importaciones de insumos para la economía colombiana, en particular, para el sector agropecuario. De igual forma, ha incrementado el costo de los productos agroalimentarios comprados en el exterior, lo que plantea un desafío inflacionario que terminará afectando directamente a la política de seguridad alimentaria nacional.

 

 

Bajo este oscuro panorama y desde el aislamiento, más que llamar a la alerta y al pánico global, el llamado del presente texto es a la reflexión, a buscar en la crisis la oportunidad. Es momento de volver atrás para seguir adelante. Visibilizar y dignificar la agricultura familiar, campesina y comunitaria como la principal alternativa a los productos importados y al desafío sobre la seguridad alimentaria y el empleo que presenta la actual coyuntura.

 

 

Creemos que es momento de fortalecer el capital básico para la agricultura, si bien el problema comienza por la propia producción (se importan hoy grandes cantidades de alimentos, dejando latentes los riesgos frente a la seguridad y soberanía alimentaria ante un eventual cierre parcial del comercio mundial) es claro que la logística para que estos productos lleguen a las urbes son insuficientes. Es momento de pensar, nuevamente, en la inversión en vías terciarias, en cadenas de frío comunitarias y sistemas de beneficio colaborativos que permitan alcanzar economías de escala en los procesos agroalimentarios campesinos, pero, también con los sistemas agroindustriales. Programas de formación empresarial y extensión rural que vinculen la vocación y capacidades territoriales para crear nuevas y mejores formas de producción basada en los diferentes conocimientos campesinos. Toda una nueva política que conviertan esta oscura noche en un nuevo amanecer de la agricultura que nos permita garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria siendo competitivos en un mundo post-covid-19.

 

[1] Con datos de dólar.wikinsonpc.com a fecha del 24 de marzo de 2020.

 

Comunicado del Observatorio Rural de la Universidad de La Salle

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