Jueves, 04 Mayo 2017 16:01

¿QUÉ DEBE HACER UNA SOCIEDAD RESPONSABLE CON LOS 6.000 EXCOMBTIENTES DE LAS FARC?

¿QUÉ DEBE HACER UNA SOCIEDAD RESPONSABLE CON LOS 6.000 EXCOMBTIENTES DE LAS FARC?

Cuando llegué a la zona de concentración de Icononzo, en la penúltima semana del mes de febrero, esperaba que los guerrilleros amplificaran y multiplicaran las quejas y las críticas radicales que se han venido formulando sobre el incumplimiento del gobierno nacional en la dotación adecuada de estos asentamientos. Pensaba que ellos me iban a decir que estaban tremendamente mal, llenos de indignación, y viviendo una situación intolerable que por lo demás minaba sus posibilidades de relacionamiento con el resto de la sociedad. Pero el primer guerrillero que interpelé me dijo: “Profesor, a esto yo lo llamo el sueño, nunca me imaginé que pudiera verlo, yo siempre había sido muy incrédulo y hoy me siento completamente feliz”. Esta respuesta no resultó ser excepcional. Todos los guerrilleros con los que pude hablar, hombres y mujeres, me manifestaron –para mi sorpresa– que se encontraban muy bien y llenos de expectativas hacia el futuro.

Es evidente que con la implementación de los acuerdos de La Habana estas personas ingresaron en un proceso irreversible muy diferente al de años atrás en el Caguán (años 2000 a 2002). En esa oportunidad ni las FARC ni el gobierno parecían tener un propósito real de hacer la paz y, como es sabido, la guerrilla terminó utilizando la tregua para rearmarse y reagruparse.

No, no nos están mintiendo actualmente todas estas personas que nos dicen cosas como “yo lo que quiero es ser enfermero y validar la experiencia que tengo de auxiliar médico…”, o “me gustaría ser médico”, o “entre mis posibilidades está volverme cultivador, pero no un campesino oprimido sino un agricultor con tecnología”, o “yo lo que quiero ser es contabilista”, “a mí me gustan las matemáticas”, “yo he trabajado en comunicaciones, entonces quiero trabajar en medios de comunicación”, “a mí me gusta la participación comunitaria, promover proyectos”. Son igualmente sinceras las palabras que en la zona de concentración veredal del Vidrí (Chocó) le dijo Yolima a María Jimena Duzán: “No quiero enmontarme: quiero estudiar enfermería, que fue lo que aprendí en las FARC” (Semana No. 1819, Marzo 12, 2017). Coinciden también con este punto de vista los funcionarios que me hicieron sus relatos sobre lo que observaron en las zonas de concentración veredal del Meta De otra parte, los múltiples testimonios recogidos por medios de comunicación convencionales y virtuales, confirman ampliamente que entre los ex combatientes hay un deseo auténtico de construir nuevas opciones de vida. Más aún   “la explosión demográfica en las filas de las FARC es el mejor anuncio del cambio profundo en las esperanzas de vida de los combatientes” (Alejandro Reyes Posada, El Espectador 12/03/2017)

¿Será posible entonces que la sociedad colombiana NO le reciba las armas a esas 6.000 personas? ¿Sera posible que no se les dé las oportunidades que necesitan, que se les niegue la posibilidad de incorporarse a la vida civil? Lo sensato, lo urgente, es que una sociedad y un estado responsables faciliten los medios para que los desmovilizados puedan encontrar una segunda oportunidad, esta vez como ciudadanos pacíficos o como organización capaz de llevar a cabo proyectos que contribuyan al progreso de la sociedad.

Jaime Forero Álvarez

Director del Observatorio Rural de La Universidad de La Salle.

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