Jueves, 09 Junio 2016 08:07

LOS RETOS DEL DESARROLLO RURAL TERRITORIAL EN EL POSCONFLICTO

Nadie es tan ingenuo como para pensar que, en Colombia, una vez firmado el acuerdo de La Habana va a desparecer el control territorial que ejercen en buena parte del país los actores armados - neo paramilitares, bacrim, guerrillas remanentes- en alianza con neo-para -políticos y políticos y gobernantes corruptos. Pero con mucha contundencia, las cifras muestran que la criminalidad asociada al conflicto territorial ha disminuido sustancialmente en estos años en los que se adelantan las conversaciones para llegar a un acuerdo entre el gobierno y las FARC. Es menos visible el hecho de que numerosos municipios del país viven actualmente su propio posconflicto. Al respecto este Observatorio Rural, tiene por ahora datos muy parciales pero muy significativos, muy esperanzadores si se quiere: con un altísimo sub dimensionamiento se ha detectado inicialmente (con base en estadísticas oficiales) que en 389 municipios los actores armados han dejado de ejercer el control territorial y el papel determinante que tuvieron, en años pasados, en la regulación por medio de la violencia y el terror, de las relaciones económicas, sociales y culturales. 

Más allá de las estadísticas, y en forma complementaria, estamos haciendo un sondeo para tratar de verificar lo que hemos observado en varios sitios de las diferentes regiones del país. Nos referimos a que hemos estado en municipios en que la gente en sus fincas, en sus negocios, en sus establecimientos educativos, en sus hogares, en el espacio público; de la mano de múltiples organizaciones de la sociedad civil y con, o sin, la intervención gubernamental, construye y reconstruye  sus opciones de vida, sus alternativas económicas, sus formas de convivencia y de interrelación por fuera de los mecanismos despóticos basados en  la extorsión y en el terror que imponían años atrás los actores armados. 

Las cosas que están pasando en Lejanías o Granada son muy distintas, para poner el caso de dos municipios contiguos de la Región del Ariari en el Departamento del Meta. Las diferencias de los municipios de esta región, en materia de posconflicto con municipios de otra región orinocense como el Piedemonte Llanero son también notables. Y obviamente las particularidades de la Orinoquia así como de las regiones andinas, caribes, chocoanas o amazónicas marcan diferencias fundamentales a pesar de las pautas comunes con que se ha desarrollado el conflicto armado. Subrayemos:
La heterogeneidad y la diversidad territorial es una circunstancia imprescindible para entender no solamente los procesos del posconflicto sino en general los procesos de desarrollo rural.

 

Aunque el conflicto no se va erradicar con la firma (y refrendación) del acuerdo de paz y con el desarme de la mayor parte de la guerrilla, el espacio del posconflicto sí se va a expandir notablemente. En estas circunstancias la consolidación de la paz dependerá de un acertado manejo de los territorios que entren, o que han entrado en años recientes, en procesos de paz así como de aquellos que estuvieron a salvo del conflicto directo. Dependerá también de una adecuada implementación de estrategias para combatir a los grupos armados y de políticas para conciliar con ellos mismos, así como del tratamiento que se le dé a las actividades económicas ilegales. Si acertamos en todo esto, llegaremos al verdadero principio del fin de la guerra fratricida. Pero no es posible ser asertivo con políticas homogéneas para regiones diversas.   
La profunda diferenciación y heterogeneidad regional está determinada por las diferencias de ecosistemas, por la conectividad vial, por las actividades productivas, por los procesos históricos de los movimientos poblacionales, por la dotación de servicios y bienes públicos, por las intervenciones del Estado y organizaciones de la sociedad civil, por el control del Estado y/o de actores armados, pero también por las formas particulares como las sociedades locales construyen sus nociones de territorio, sus representaciones simbólicas de su propia identidad, de su historia y de sus proyectos. La construcción material y simbólica del territorio se viabiliza con las interrelaciones entre las personas, entre los actores sociales económicos, políticos, corporativos. Estas interacciones son a su vez posibilitadas y limitadas por instituciones: por las pautas y normas formales e informales que se imponen o que son impuestas a los individuos y a las organizaciones y grupos sociales.  
Queda claro, entonces, que ante la diversidad territorial del mundo rural (que es en donde se origina y se desarrolla con mayor expansión, persistencia y crudeza el conflicto armado) las alternativas de desarrollo en general y de manejo del posconflicto en particular, tienen que ser diversas. Así como el territorio es construido por la gente, por los actores y grupos sociales, las alternativas de intervención del gobierno y de organizaciones no gubernamentales tienen que ser construidas mediante un proceso verdaderamente participativo. No se trata solamente de focalizar recursos en función de las asimetrías, para cerrar las brechas entre campo y ciudad o entre regiones de acuerdo con lo formulado en los grandes proyectos nacionales como la erradicación de la pobreza, la dotación de servicios y bienes públicos a todos los hogares, el incremento de la educación, la eliminación de la desnutrición, el pleno y universal acceso a los derechos y la preservación de los ecosistemas. El centro de la política de desarrollo rural está en cómo en cada municipio, en cada vereda (comunidad rural) se pueden viabilizar estos grandes objetivos contando con las territorialidades particulares (nociones de sociedad y territorio) con los enormes recursos que significan las institucionalidades locales existentes; con las potencialidades y las limitaciones con que cuenta cada territorio. Todo esto significa una manera particular de desarrollar procesos adecuados para cada contexto. Se trata no solamente de construir participativamente el desarrollo sino, por supuesto, de fijar sus objetivos. 
No todos los individuos ni todas las culturas conciben el bienestar de la misma forma. Mientras es relativamente generalizada una noción de bienestar en función del incremento del consumo por persona, con justas razones y profundas bases económico filosóficas, algunos sectores de nuestra sociedad conciben el bienestar como el logro de la libertad por medio del desarrollo de capacidades y otros lo asumen como un buen vivir que privilegia la autonomía y hasta donde sea posible el auto abastecimiento de las comunidades locales en armonía con la conservación de la naturaleza y con la implementación de sistemas de producción agroe ecológicos (o de huella mínima) y con mecanismos solidarios (hasta donde sea posible) de intercambio de bienes y servicios. 
En este contexto una política pública nacional de desarrollo rural con enfoque territorial debe de conciliar diversas propuestas en función de los grandes proyectos nacionales. A estos grandes proyectos enunciados arriba (erradicación de la pobreza etc.) hay que añadir entonces la preservación de las particulares formas de concebir la identidad, el territorio y el desarrollo rural.
Así como es necesario conciliar diferentes nociones de bienestar social y de buen vivir, es preciso que el desarrollo rural se lleve a cabo impulsando al mismo tiempo procesos aparentemente divergentes como la agricultura familiar (con adecuado acceso a la tierra el capital y la tecnología apropiada) y la agroindustria (con responsabilidad social y ambiental). Hay que conciliar los subsidios a la producción (en una economía agrícola global subsidio dependiente) y la dotación de bienes públicos (infraestructura de transporte, crédito, investigación, asistencia tecnológica). Se debe fortalecer la autonomía alimentaria y la inserción a los mercados nacionales e internacionales.
El enfoque del Desarrollo Rural Territorial renueva una corriente de la política pública para el desarrollo rural, que ha tenido en algunas ocasiones cierta relevancia pero que había terminado por ser marginada. Así como no estamos partiendo de cero en la construcción territorial (los territorios son día a día producidos por una gran diversidad de territorialidades y de institucionalidades) hay experiencias del Estado y de la sociedad civil que hay que retomar y renovar.
El documento adjunto es una primera aproximación del Observatorio Rural a la cuestión del desarrollo rural territorial. Este documento seguirá desarrollándose en cumplimiento de uno de los objetivos que se ha impuesto este Observatorio consistente en  proyectar a la Universidad de la Salle hacia la sociedad colombiana con el fin de impulsar un desarrollo rural humano, integral y sustentable, con un enfoque territorial, que pueda cimentar la paz entre los colombianos.
Observatorio Rural
 
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