El marchitamiento económico y social del sector rural

Jaime Alberto Rendón Acevedo[1]

Lo sucedido en la economía colombiana en las últimas décadas, en especial durante el llamado período neoliberal o lo que en nuestro medio se conoció como la apertura económica (sumado a otros fenómenos como el conflicto, la concentración de la tierra o la ruptura del pacto cafetero), ha dejado un lastre estructural, evidenciado en una pérdida absoluta de producción e incluso de participación del sector en la economía, sino, ante todo de un alto deterioro social, que de cambiarlo, como parece ser parte de las apuestas que hoy tiene el país, demorará no solo un largo periodo de tiempo, sino que implicará grandes inversiones de recursos y decisiones que probablemente no le vendrán muy bien a los sectores más conservadores de la sociedad.

En efecto, al igual que la industria manufacturera, el agro se ha visto comprometido no solo en su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) sino en su misma producción. De hecho, una revisión al comportamiento sectorial (véase gráfica 1), permite observar como el sector agropecuario, silvicultura, caza y pesca, viene en los últimos 15 años creciendo a tasas promedio del 1,98%, cuando la economía en su conjunto lo hizo al 4.1%.

art-1

El cafetero fue el subsector que presentó un mejor comportamiento, un crecimiento promedio anual similar al de la economía, con un pico en el año 2013 que altera el comportamiento de largo plazo, y con una volatilidad suficiente para mantener un riesgo alto en la actividad. De esta manera, el sector se mantiene en las últimas tres décadas con una evolución que dista del promedio general, haciendo que el sector pierda peso en la estructura económica colombiana (Kalmanovitz y López, 2007) y que incluso algunos sectores, al igual que la industria, pierdan valor agregado, esto es, en otras palabras, la desruralización paulatina que ha venido experimentando la economía colombiana.

El Censo Nacional Agropecuario del año 2014 mostró igualmente cambios sustanciales en la forma de la propiedad, de la tenencia de la tierra en el área rural dispersa del país: de los 111,5 millones de hectáreas (área censada), el 56,7 % (63,2 millones) son bosques naturales, el 38,6% (43,1 millones de hectáreas) hacen parte del área agropecuaria, 2,5% (2,8 millones de hectáreas) de la parte no agropecuaria y 2,2% (2,5 millones) de otros. Los departamentos de Amazonas, Guainía, Caquetá y Vaupés se encuentran el 45,1% del área rural dispersa censada con uso en bosque natural. En los departamentos de Vichada, Meta, Antioquia, Casanare, Santander y Córdoba se tienen las mayores áreas en uso agropecuario (47,0% del área rural dispersa censada), mientras que el Archipiélago de San Andrés Providencia y Santa Catalina, Bogotá, Vaupés, Quindío, Amazonas y Risaralda, presentaron las menores área en este uso (DANE, CNA. 2014).

En el uso agropecuario según los datos del Censo, de los 43,1 millones de hectáreas se tiene que solo el 20,1% (8,6 millones) es para destinación agrícola. Lo demás se reparte así: el 79,6% (23,3 millones) en pastos y rastrojos, 0,3% (0,1 millones) en infraestructura agropecuaria. Dentro de la parte agrícola se tiene un 82,4% (7,1 millones de hectáreas) para cultivos; 15,1% (1,3 millones de hectáreas) para descanso y 2,5% (0,2 millones de hectáreas) en áreas de barbecho. Los cultivos agroindustriales ocupan 3.2 millones de hectáreas, los tubérculos y plátanos 2.1 millones, frutas 1.5 millones, cereales 1 millón, hortalizas, verduras y legumbres 430.106 hectáreas. En definitiva, la producción agrícola en el país se realiza una pequeña porción del territorio, pero esto genera cerca del 65% de los alimentos que en el país se consume diario.

De otro lado, de acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria del DANE, el 79.7% del suelo en el país está dedicado a las actividades pecuarias, un cálculo grueso mostraría como la disponibilidad de tierra por cabeza de ganado en el país es de 1.47 hectáreas. Estas cifras dan cuenta como la ganadería que dispone de unos 40 millones de hectáreas, es básicamente extensiva, mientras que la producción cafetera, que ocupa un poco menos de un millón de hectáreas, se realiza en fincas menores a 2 hectáreas, ya que solo el 5% de los productores de café poseen fincas superiores a 5 hectáreas.

art-2

Si se comparan los censos agropecuarios en Colombia se encuentran datos interesantes (véase cuadro 1) Los predios de menos de 5 hts fueron el 62.5% de los predios en 1960, mientras que en el 2014 fueron el 71.2%, lo que pasa es que ocupan el 2% del área rural, mientras que en 1960 ocupaban el 4.5% del área rural; a lo que se suman las dificultades competitivas que la evidencia empírica ha demostrado para estás pequeñas unidades de producción campesina, que es en esencia donde se producen los alimentos. En los últimos 55 años se incrementó la proporción de los predios menores de 5 hectáreas, aunque su participación en el total nacional disminuyó. Estas unidades familiares, en buena parte del país no alcanzan los mínimos requeridos para garantizar el sustento básico, de allí lógicamente la pobreza persistente en las zonas rurales (46.2% promedio en la última década). Mientras que los predios de más de 100 hts pasaron de ser el 3.5% de las unidades productivas al 2.4%, ocupando el 85.2% del territorio rural

De los predios de menos de 5 hectáreas, 56,7% usa el suelo para uso pecuario, 36,7% para fines agrícolas y 6,6% para bosques naturales; mientras que de las unidades productivas de más de 1.000 ha., 14,7% usa el suelo para fines agrícolas, 57,4 % para uso pecuario y 27,9% para bosques naturales. Más de la mitad del número de predios se encuentra destinada a uso pecuario y representa cerca el 40% del área censada del uso agropecuario. Casi una tercera parte de los predios de mayor tamaño, usa el suelo para bosques naturales.

art-3

Al analizar el cuadro 2, se puede constatar que el número de propietarios en el país prácticamente se duplicó entre 1960 y 2014, sin embargo esto se explica fundamentalmente por la propiedad en predios menores a 5 hectáreas. Las unidades en arrendamiento crecieron en todos los tamaños de predios y la aparcería fue la forma de tenencia que cayó sustancialmente.

Es claro entonces como el país, no solo ha definido su modelo de propiedad sino como ha decidido sobre los usos y la producción, donde los temas de equidad y oportunidades para las familias campesinas han quedado relegadas al mercado y este, por fuera incluso de los precios, ha estado mediado por las armas y el despojo (Ibáñez y Muñoz, 2011). En este sentido, las economías campesinas han cumplido un papel importante en el logro de salarios bajos en las zonas urbanas e industriales. Un siglo de economía cafetera, guerras por la propiedad, una imposible reforma agraria la producción de alimentos en pequeñas escalas y con baja productividad han caracterizado la historia de este país (Roger, et al, 2005)

Ahora bien, en contra de lo que usualmente se estila en política rural, en Colombia si se ha dado una reforma agraria… pero a la inversa, es decir, una reforma que en vez de haber contribuido a la distribución de la tierra brindando oportunidades concretas a los campesinos, ha consistido en la concentración extrema de la propiedad, proceso mediado por las armas, el despojo y la muerte. De esta manera el índice de Gini para la propiedad en Colombia es del 0.86 (siendo 1 el punto de concentración absoluta) (Crece, 2014)

A todo esto, se suman otros problemas: primero, la titulación de tierras, de los cuatro millones de predios existentes en el país, se tiene que el 65% de estos no cuenta con una escritura formal. Segundo, los baldíos, que ocupan un área total de 1.2 millones de hts, son tierras del Estado donde no hay claridad de linderos e incluso existen choques frente a su uso y propiedad. Tercero, las tierras comunales no tienen la suficiente protección institucional y quedan a expensas de los grupos armados. En tanto desorden “los más vivos” se apropian de la riqueza nacional, poniendo en riesgo no solo los acuerdos de la Habana en la materia, sino las políticas de tierras y de orden institucional que adelanta la superintendencia de Notariado y Registro.

Los tiempos de deterioro del mundo rural, de sus condiciones económicas que necesariamente condicionan las formas de vida, deben ser una página que el país debe de pasar, so pena de llevar al traste los esfuerzos que se han hecho desde distintos escenarios, e incluso de los propios Acuerdos de La Habana, por resignificar la producción agropecuaria y hacer de ella una opción de vida no solo para posibilitar el retorno a las tierras, sino para el propio país que debe de entender de una vez por todas que su propio crecimiento y desarrollo, sus perspectivas de lograr un buen vivir para sus gentes, pasará necesariamente por la reinvención del mundo rural

Bibliografía

Beltrán, L. Bohórquez, J. Pardo, L. Ramírez, L. Rendón, J. & Sanabria, N. (2011). Territorio y desarrollo: bases conceptuales para la gobernanza local. Equidad Desarrollo. ISSN 1692-7311 No. 16. N: 9-51 julio-diciembre de 2011. Universidad de La Salle. Bogotá.

Crece. (2014). Centro regional de estudios regionales cafeteros y empresariales. Dinámicas de uso de tierras para la agricultura y el comportamiento de los precios del suelo rural. Bogotá : Departamento Nacional De Planeación (DNP).

Dane (2017). Censos Agropecuarios. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/agropecuario

Forero Álvarez, J. (2010). Economía campesina, pobreza, tierra y desplazamiento en Colombia. En Forero Álvarez, J. (Ed.), El campesino colombiano, entre el protagonismo económico y la indiferencia de la sociedad. (pp. 69-119). Bogotá, Colombia: Editorial Javeriana.

Norton, R. Balcázar A. Espinal, C. Forero, J. León T & Echeverri, R. (2005) Colombia: competitividad agrícola y rural. Revista Planeación y Desarrollo (del Departamento Nacional de Planeación – Colombia) Volumen XXXV, no. 1. Bogotá.


[1] Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid (España). Director Programa de Economía Universidad de la Salle. Integrante del grupo de investigación en Economía y Desarrollo Humano, del Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio (CEDT). Docente – Investigador Doctorado en Agrociencias, integrante del Observatorio Rural de la ULS. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Este escrito hace parte de un trabajo sobre el tema que se prepara en el marco del Doctorado de Agrociencias.

 

 

 

 

 

Articulo3