ARTÍCULO

LAS FARC, DESMOVILIZACIÓN MILITAR, MOVILIZACIÓN SOCIAL.

Por Jaime Forero Álvarez

Director del Observatorio Rural de la Universidad de La Salle

La mitad de la opinión pública colombiana, expresada en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, ve con desconfianza el Acuerdo de Paz, se opone al tratamiento jurídico que recibirán los comandantes y no admite que ellos puedan ocupar cargos de elección popular sin haber purgado sus penas. Sin embargo, parece haber un amplio consenso en torno a que el gobierno y la sociedad deben asumir entre sus prioridades la incorporación al estudio y al trabajo de los más de 6.000 excombatientes de las FARC, concentrados en 26 zonas veredales.

Por su parte, en multitud de entrevistas, charlas y reportajes, la guerrilla transmite su elección por la paz. Es un discurso que han venido construyendo, desde hace unos tres años, hombres y mujeres, comandantes y combatientes, en medio del sosiego proporcionado por la atenuación del conflicto durante la etapa de negociación en La Habana y con la tranquilidad aun mayor que les ofrece, hoy en día, estar bajo protección en las zonas veredales a donde sorprendentemente pudieron llegar sin haber enfrentado ningún contratiempo.

ALTERNATIVAS DE TRABAJO Y ESTUDIO

¿Qué está pasando por la mente de estos ex combatientes de las FARC? Hasta donde yo me di cuenta, cuando visité la zona veredal de Icononzo, y de acuerdo con el testimonio de colegas que han observado personalmente lo que pasa en otras zonas, solamente en casos muy excepcionales los miembros de las FARC tienen la intención de dedicarse a la política lanzándose como candidatos a los Concejos Municipales, a las Juntas de Acción Local, a las Alcaldías, a las Asambleas, a la Cámara y al Senado. La gran mayoríaquiere ponerse a estudiar y a trabajar. Los guerrilleros están pensando, por ejemplo, en la validación del bachillerato, en entrar al SENA o en ingresar a un programa que ofrece Cuba para formar en medicina a aquellos que oficiaron como improvisados galenos.

Realmente, no es claro qué capacidades tienen los guerrilleros para desarrollar actividades laborales y comunitarias (se espera que el censo que está haciendo la Universidad Nacional de luces sobre este asunto). Quizás el analfabetismo funcional de algunos es un asunto que merece un tratamiento de choque. Pero de todas formas, se ha podido observar que, en general los guerrilleros han desarrollado habilidades para ciertos trabajos relacionados con medicina y enfermería, construcción de vías e infraestructura, labores agropecuarias, comunicaciones, cocina y sistematización de datos por computador… De otra parte, mal que bien han tenido experiencia en trabajo comunitario, puesto que han reunido infinidad de veces a las comunidades para lanzar sus arengas y para discutir (o imponer con el fusil al hombro) estrategias políticas como la participación en marchas, protestas y bloqueos. En estas reuniones se trataban también otros asuntos relacionados con la construcción de infraestructura, la gestión de la economía cocalera y la resolución de problemas entre vecinos. Además, no en pocos territorios se han hecho (o impuesto) acuerdos sobre cómo manejar los recursos naturales (sobre este asunto se oyen voces de alarma porque, aprovechando la retirada de las FARC, se ha desatado, en varias regiones, una preocupante depredación de bosques y otros recursos). “Antes convocábamos a la comunidad con el fusil al hombro, ahora nos dejamos invitar”, me dijo un comandante lo cual refleja que la guerrilla está dispuesta a aprovechar su experiencia en el trabajo comunitario.

Además, hay que tener en cuenta que aparte del entrenamiento militar estas personas han recibido capacitación política e ideológica. Ha sido puro adoctrinamiento, dirán algunos, y quizás no les falte razón. De todas formas esta instrucción se hace evidente al dialogar con personas que cuando fueron reclutadas contaban apenas con unos pocos años de pésima educación primaria. Se palpa ahora en ellas una formación que se manifiesta en un lenguaje estructurado alrededor del discurso dialéctico de los militantes de izquierda. Lo cual demuestra, y es esto lo que debe rescatarse, que han desarrollado lo que en pedagogía se conoce como competencias analíticas y discursivas.

¿Cómo capitalizar todas estas intenciones y capacidades de los miembros de las FARC? Muchos guerrilleros tienen la idea de estudiar primero y trabajar después. Sin embargo, creo que no es conveniente esperar: hay que dar las posibilidades para que estudien y trabajen al mismo tiempo. Que se capaciten mediante procesos basados en la pedagogía de aprender haciendo; que el estudio sea al mismo tiempo el trabajo para sacar adelante proyectos y programas individuales y comunitarios.

Sería lamentable que los guerrilleros reciban subsidios sociales simplemente por estar desmovilizados. Es decir, que se les pague por no hacer nada, que se los inmovilice. La gente de las FARC es gente acostumbrada a trabajar. Es cierto que buena parte de su actividad estuvo canalizada a la crueldad de la guerra, pero son personas que constituyen una fuente de acción y transformación que no debería congelarse y paralizarse por medio de subsidios. Debe tenerse muy en cuenta que otorgar subsidios inmovilizantes ha sido uno de los grandes errores que ha cometido el país. Está probado en varios otros países que los subsidios se pueden canalizar a través de políticas de empleo (se le paga a la gente por hacer algo) y es claro que la guerrilla tiene la capacidad de inventarse múltiples formas de trabajo.

¿LAS FARC COMO ORGANIZACIÓN DE DESARROLLO?

Obviamente la construcción de la paz conlleva la desmovilización militar de las FARC pero implica también su movilización como fuerza social y trabajadora: “A mí lo que no me gustó de lo que dijo usted Profesor, es que nosotros estamos desmovilizados”, me decía un guerrillero en Icononzo. “No sabe –añadía – las largas discusiones que hemos tenido sobre este tema. Le hemos dado vueltas a la dejación de armas, a deponer las armas, a la desmovilización, a la reintegración a la vida civil. Pero si algo queda claro es que nosotros no nos estamos desmovilizando, estamos simplemente deponiendo las armas, pero las FARC van a seguir siendo las FARC, ya no como ejército, pero sí como organización política”.

Muchos piensan que las FARC era un conglomerado de hombres y mujeres reclutados a la fuerza y unidos solamente por la obligación, bajo pena de muerte, de mantenerse en las filas. Con esta idea se esperaría que hoy en día cada uno de sus miembros estuviese esperando la oportunidad de salirse lo más rápidamente posible de esta organización. Pero no, lo que pude percibir y lo que han reportado múltiples observadores y analistas, es que aunque la militancia de las FARC era efectivamente de por vida, los guerrilleros no fueron mercenarios sino miembros de una organización político - militar que respondía por ellos; un ejército y una organización proveedora como lo es la familia patriarcal y como lo son las comunidades religiosas católicas. No me aparto, de que con bastante probabilidad, los comandantes tengan acumulados sus capitales, pero parece ser que la guerrillerada ha vivido al día sin acumular riqueza: “la mayoría de los guerrilleros vive en condiciones absolutamente precarias” afirma Daniel Pecaut en su estudio sobre las FARC (Las FARC una guerrilla sin fin o sin fines.Norma 2008: 85).

De acuerdo con numerosos estudios y reportajes, la incorporación de jóvenes, niños y adultos a las FARC se dio como un proyecto de vida, con la naturalidad de quien no tiene más opciones o de quien ubica en la guerrilla su mejor alternativa (o la menos indeseable). “Cumplido los 13 años me vine, no me querían recibir en las FARC por ser chiquito; a lo último determinaron de que sí… mi destino era ser guerrillero y eso es lo que lo soy” (El Pollo http://cronicasdesarmadas.com/). En el Cauca varias guerrilleras le refirieron a una comisión internacional que ellas ingresaron a la guerrilla para escaparse del maltrato intrafamiliar y del abuso y del acoso sexual al que eran sometidas desde niñas o adolescentes. Aunque, como lo afirma Pecaut, cuando se trata de menores “la distinción entre elección ‘voluntaria’ o inducida se vuelve muy incierta”, parece que la guerrilla en muy pocas ocasiones ha recurrido a llevarse a los niños o jóvenes a la fuerza, entre otras cosas porque con estos procedimientos no se garantiza la “deseable lealtad” (Idem: 82).

Ahora bien, pese a que las numerosas deserciones de años atrás estarían revelando un agotamiento de la incondicionalidad de los guerrilleros a su organización, es claro que hoy en día los excombatientes han reforzado su identidad con las FARC, a las que conciben como una gran familia, gracias a un proceso de ya más de tres años en el cual han llevado a cabo una discusión y una reflexión muy intensas sobre sus circunstancias actuales y futuras. La férrea dinámica organizativa parece seguir vigente en la cotidianeidad de las zonas veredales en donde los ex combatientes no están todo el día jugando parqués y chateando. No, “la jornada comienza a las cinco a.m. con formación, himnos, gimnasia, distribución de actividades (deportivas, ideológicas, económicas, logísticas y artísticas) …y luego como hormigas cada unidad cumple lo ordenado” (Alfredo Molano, La espera en Llanogrande http://colombia2020.elespectador.com/territorio/la-espera-en-llanogrande El Espectardor 30 de abril / 2017)

Qué hacer con esta organización comunitaria de más de 6.000 personas, quizás 10.000, que están dispuestas a construir alternativas pacíficas, es el gran reto de la sociedad colombiana en las actuales circunstancias. Las FARC representan, por un lado, un recurso humano muy importante si se canaliza positivamente, y por otro lado, un capital social de grandes dimensiones con el cual podría llevarse a cabo una serie de acciones tendientes a construir alternativas de desarrollo. Debemos ver en la implementación del Acuerdo de Paz una oportunidad para aprovechar las capacidades individuales de estas personas, así como las potencialidades de la organización a la que han pertenecido, para construir el desarrollo, el progreso o el buen vivir. Que las alternativas de incorporación a la vida civil pasen por acciones colectivas es precisamente lo que está planteando cada vez con más insistencia las FARC pensando en lo que debe hacerse en las localidades en donde van vivir, incluyendo las zonas veredales que un principio habían sido pensadas como asentamientos transitorios. Indudablemente, este es un asunto muy controversial porque según algunas opiniones estos asentamientos podrían constituir territorios autónomos o “repúblicas independientes”. Sin embargo, la sociedad tiene que entender el temor de los miembros de la guerrilla a ser asesinados si cada uno coge por su lado”.

Los acuerdos de paz no les otorgaron a las Zonas de Reserva Campesina autonomía jurídica, como la que tienen actualmente los indígenas y los afro descendientes en sus territorios. Mucho menos tendrán este tipo de autonomía las zonas veredales. En la medida en que, como está previsto, los ex combatientes se dediquen a actividades legales bajo las normas del estado de derecho, no hay por qué temer a que los guerrilleros se organicen en cooperativas, asociaciones o proyectos colectivos de trabajo (y estudio). Lo que garantizará que todo esto suceda bajo las normas jurídicas vigentes es que realmente se construyan posibilidades de trabajo y de estudio y se lleven a cabo acciones en las cuales los farianos trabajen mancomunadamente con los demás estamentos de la sociedad civil. Se han hecho muchas acciones que ilustran las potencilalidades de emprendimientos en conjunto con otras personas y entidades. Por ejemplo, la alianza entre la Fuerza Aérea, el Ministerio de Educación, la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y DIRECTV para devolver la conectividad eléctrica (con paneles solares) a una escuela rural en Las Mercedes en Caquetá. Se reporta allí mismo que “durante una semana, 100 voluntarios cogieron brochas y pintura para darle una nueva cara a la escuela. Lo que hace unos años era impensable, sucedió: excombatientes de las AUC y las FARC, militares, padres de familia y niños trabajaron juntos para pintar paredes, lijar pupitres, transformar la biblioteca y reemplazar el techo de la institución” (Rolón Salazar, 2017 ttp://colombia2020.elespectador.com/territorio/militares-y-reinsertados-restauraron-una-escuela). Por otra parte, Marisol Gómez Giraldo cuenta cómo en el Vidrí se confunden, a los ojos del observador, campesinos, soldados y guerrilleros en ropa de trabajo (http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/avance-del-proceso-de-paz-con-farc-en-zonas-veredales-transitorias-66696 El Tiempo, 12 de marzo 2017).

Estos ejemplos no constituyen iniciativas aisladas y la comandancia ha dados lineamientos claros y emotivos en esta dirección: “Hemos orientado a nuestros guerrilleros a trabajar hombro a hombro con las comunidades y las autoridades, haciendo de las Zonas y Puntos Veredales verdaderos escenarios de integración y de expansión del sentimiento de paz. Colombianos: la patria ha sido bendecida por la esperanza y ya puede emprender sus primeros pasos hacia el futuro (http://www.farc-ep.co/comunicado/colombianos-la-patria-ha-sido-bendecida-por-la-esperanza-y-ya-puede-emprender-sus-primeros-pasos-hacia-el-futuro.html).

LA OFERTA INSTITUCIONAL

Por supuesto, nadie es tan ingenuo como para pensar que todo va a funcionar idealmente y es previsible que algunos guerrilleros retomen las armas. Sin embargo, hacer que el proceso de reincorporación de los excombatientes salga adelante es un gran reto que debemos asumir. Y en efecto hay universidades, entidades estatales, organizaciones de la sociedad civil, campesinos, ciudadanos, así como parte de las fuerzas armadas, y de los ex paramilitares que están haciendo sus aportes. El ejemplo más sobresaliente es la política de desarrollo rural y territorial que desde mucho antes de la firma del Acuerdo ha comenzado a ejecutar el gobierno nacional. Tenemos también las estrategias de intervención del SENA, CORPOICA, y Banco Agrario; los cursos y diplomados que están ofreciendo universidades como la del Cauca y El Externado de Colombia; el seguimiento a la política pública de desarrollo rural y construcción de paz, proyecto en el cual estamos trabajando en la universidad de La Salle con la FAO y otras universidades. La lista es realmente bastante larga.

El gobierno con mucha seguridad va a incumplir en muchos aspectos, pero hay que tener muy claro que este es un proceso que va más allá de las realizaciones de la administración pública. Es un compromiso de toda la sociedad colombiana que se ha propuesto reintegrar a la guerrilla a la vida civil. De manera que no podremos decir que como el gobierno no aportó recursos volvimos a la guerra. La guerrilla, por supuesto, tiene que gestionar y exigir los recursos gubernamentales convenidos, pero tiene ante todo que emplear a fondo su enorme capital humano y social, con el cual hicieron la guerra, en construir sus propias alternativas de realización individual y de ejecución colectiva de proyectos. No se trata de quedarse esperando recursos (aunque hay que exigirlos férreamente) sino de movilizar las capacidades que tiene esta organización. 

Un gobierno responsable, pero sobre todo una sociedad responsable, deben desempeñarse a fondo para que los excombatientes tengan oportunidades de reconstruir sus vidas dentro del marco de las instituciones de nuestro estado social de derecho.

 

 

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